
En varias ciudades del mundo, los ciudadanos se han unido para que sus comunas dejen de hacer oídos sordos a las peticiones de instalar espacios recreativos como los casinos. Sabido es que los políticos esquivan un tema que aun no saben tratar por un tema más de ignorancia que de conocimiento. La necedad en muchos casos tiene que ver con el decir que no ante no saber cuales pueden ser sus efectos colaterales al instalar un casino bajo la supervisión de los gobernantes de turno.
Claro que esto sucede a menudo en aquellos legisladores que prefieren ser conservadores en sus actos y tratar de mantener a su comunidad como el tiempo la ha estado mintiendo hasta ahora, pero lo que no entienden es que las cosas constantemente cambian, haciendo que nadie ni nada pueda hacer que esto se detenga.
Un viejo dicho, dice que es mejor tomar la decisión de cambiar uno, antes que el mismo entorno sea el que nos cambie, convirtiéndonos de capitán a marineros de una balsa que solo Dios sabe cual será el destino, si es que lo hay para ese entonces.
Por tal motivo, aquellos que son una comunidad unida (tal es el caso de Maine), juntan una determinada cantidad de firmas para que legalmente se trate la posibilidad de incluir, al menos de analizar la posibilidad de permitir capitales de afuera para crear casinos y hoteles de primer nivel, que tengan como fin dar diversión no solo a los ciudadanos sino también a sus turistas.

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