
Según un estudio realizado por la National Gambling Board, (NGB), luego de diez años, la comunidad sudafricana ha madurado en materia de apuestas en los juegos de azar. Esto surge en base a un estudio que ya lleva diez años (uno en el 2002 y otro en el 2005), donde queda demostrado que desde que se legalizó el juego en dicho país, la gente cada vez apuesta menos (siempre hablando de apuestas comprometidas).
Al comienzo de esta normativa, mucho se habló de esta comunidad, ya que las apuestas eran imposibles de parametrizar, debido a que las personas no encontraban un equilibrio entre la diversión y las apuestas.
Pero con el tiempo, este tipo de fenómeno se fue estabilizando (habría que determinar bien las causas) y hoy en día el jugador sudafricano apuesta lo necesario para que la salida sea una cuestión de diversión y no tanto de juego.
Esto deja en claro que pasado un tiempo y con una buena estrategia llevada a cabo por el gobierno de turno y la industria del casino, se puede obtener una comunidad de apostadores estables.
Lo cierto es que todo lo que ingresa a una sociedad, como lo son los casinos, descubren que tienen un tiempo de maduración (como en todo). Lo que hay que analizar o preguntarse si el tiempo que ha llevado a esta sociedad en particular a toarse diez años para que la maduración de jugador sobresaliera, dependió exclusivamente del tiempo, o bien de cómo ha encarado la industria del azar el fenómeno de las apuestas compulsivas.
Particularmente, creo que ni una ni otra preponderó en este caso, sino que ambas fueron necesarias para que en una región en desarrollo como ésta, el juego madure y se viva el mismo como lo que es: un verdadero entretenimiento.
