
Pero, la realidad es que encima cuando los casinos padecen crisis, como la que están viviendo muchos casinos (tal es el caso de Estados Unidos), nos encontramos que los gobiernos en lugar de ayudar a su principal fuente de ingreso, lo defenestran imponiéndole más impuestos o lo que es peor aún, ignorando las peticiones que solicitan para salvar un mercado que necesita de un salvavidas.
Esto me confirma que como dijo alguna vez, Moliere que los hombres son todos en esencia más o menos iguales. Es por eso que los mismos se diferencias por sus actos. Sabias palabras de este dramaturgo francés, que aún 400 años después, sigue teniendo la misma vigencia que en aquellos tiempos.
Habrá que saber que hemos aprendido todo este tiempo, y entender porque los gobiernos siguen en una postura tan hostil frente a los juegos de azar, que no hacen otra cosa que divertir y entretener a un público cada vez mayor.
Personas que viajan horas en trenes y micros para poder llegar a un casino y así poder entretenerse en sus juegos favoritos como el póker, la ruleta, las máquinas tragamonedas o los legendarios dados que hasta el mismo Julio Cesar utilizaba para divertirse y enseñarnos frases célebres como “la suerte esta echada”.
El mundo no pide permiso para divertirse y los gobernantes deben entender que el árbol no es el bosque. Ojalá que las acciones de estos eres humanos, me hagan creer que algo hemos aprendido en, al menos, estos últimos 2010 años.

Parece que hoy en día, los gobiernos necesitan más de personas capaces de encontrar fórmulas secretas acerca de cómo recaudar más dinero, que de tratar de llevar adelante una comuna con inteligencia y solvencia.
Desde que el dinero deslumbró a los gobernantes (esto data de hace mucho), no han hecho otra cosa que tratar de meternos en la cabeza que un buen gobernante resulta ser aquel que recaude más dinero. Claro que esto debería venir acompañado de inversiones que se realicen en la misma comuna, pero no siempre es así, ya que cuando encuentran la manera de sacar una buena tajada, dejan de lado otras formas de conseguir dinero y someten a todo un pueblo, a vivir de ingresos como los impuestos a los casinos.
Cuesta creer, pero hoy en día los Estados que permiten tener casinos en las ciudades, no es porque entiendan que los mismos son de vital importancia para que sus ciudadanos y turistas tengan formas de entretenerse, sino porque los mismos son un caudal de dinero muy grande para sus arcas.
Nadie dice que imponer impuestos a los casinos esté mal, de hecho a todo aquel que saque beneficios del lugar donde se encuentre, debe aportar impuestos. Eso está muy claro y son reglas del juego que todos aceptamos y son por demás lógicas.
Lo que no se entiende es el por qué, cuando una ciudad encuentra que los casinos se convierten en un ingreso de dinero tan grande, no solo no cuidan del mismo para que este negocio prospere, protegiéndolo y haciendo de socio para que justamente esos ingresos que se deberían ver reflejados en toda la comunidad, no decaigan.
