El póker es un juego que tiene sus raíces en Nueva Orleans, adquirió gran popularidad a mediados de los años 1830, rápidamente logró expandirse en todo país y luego en el mundo. Después de un tiempo fue adoptado por los casinos, y de esta manera se convirtió en uno de los más emblemáticos del mundo del azar.

Se considera un juego de habilidad y no de suerte, contrario a lo que muchos piensan, esto quiere decir que los jugadores pueden decidir directamente el destino de cada partida. A la hora de jugarlo es necesario tener en cuenta cuál es nuestra mejor mano y nunca subir una apuesta que luego nos pueda perjudicar.

Un truco de los profesionales del Póker es saber ser un buen perdedor y un modesto ganador, este tipo de actitudes pueden funcionar como distractores para hacer creer que nuestra situación en el juego es la mejor, aunque no lo sea. A la hora de aplicar diferentes tips como este, es importante diferenciar el juego entre amigos y en un torneo.

La regla de oro es salirse de inmediato si nos toca una mala mano, respetar nuestro límite de apuesta, de tal forma que en un futuro podamos seguir jugando sin problemas.

2332995757 17d57c1855 343x300  Grandes apuestas

Generalmente, estamos acostumbrados a ver la apuesta del jugador aficionado, que se acerca al casino a probar suerte y divertirse.

Ocasionalmente está a nuestro alcance ser observador de grandes jugadas, en las que se apuesta realmente mucho dinero. Es impresionante ver cómo, a medida que la apuesta crece, la adrenalina y la tensión aumentan considerablemente.

Cuenta la historia que en 1889, en el salón Bowen de Nuevo México, jugaban a las cartas dos adinerados rancheros: Ike Jackson y Johnny Dougherty.

El juego era tan parejo y apasionante, que ya llevaban varias horas jugando y los espectadores se agolpaban en la mesa para lograr ser testigos del desenlace. Entre ellos, Bradford Prince, Gobernador de la ciudad.

El pozo ya excedía los 100.000 cuando Ike Jackson, absolutamente confiado de sus cartas, realiza una precaria escritura de su estancia, que contaba con más de 10.000 cabezas de ganado. La suma a la apuesta.

Dougherty, lejos de acobardarse, toma un papel, escribe unas palabras y se acerca, pistola en mano al Gobernador de Nuevo México. Murmuran unas palabras y el Gobernador, muy nervioso, firma el papel.

Cuando se acerca a la mesa, Dougherty, eleva la apuesta, aportando al bote nada más y nada menos que todo el territorio de Nuevo México. Ike Jackson tiró sus cartas, insultó y se retiró sin más.