
La historia de los casinos está plagada de relatos de personajes que han intentando, con mayor o menor éxito, sacar grandes ganancias a partir de intrincadas estrategias.
Richard Marcus era un jugador profesional muy bueno, que contaba con la experiencia de haber sido repartidor en un casino. Conocía a fondo el funcionamiento de los diferentes juegos y dónde estaban las debilidades de cada uno de ellos.
Marcus fue tentado por un hombre de nombre Classon para sumarse a un equipo de personas dedicado a realizar estafas en casinos. Classon le enseñó todos los trucos que conocía y le animó a pensar en nuevas estrategias para ganar de manera fraudulenta.
Una noche, mientras presenciaba un espectáculo de Striptease, Marcus tuvo una idea a la que llamó con el nombre de la bailarina: Savannah.
La trampa Savannah se realizaba de la siguiente manera. Marcus realizaba una apuesta en un paño de ruleta, apilando 3 fichas de 5 dólares y una de 500. La ficha de 500 era colocada debajo del todo, de modo que el croupier no pudiera notarla.
Si perdía, mientras el croupier estaba atento a la bola, él cambiaba la pila de fichas por otra que solo tuviera de 5 dólares, perdiendo realmente muy poco dinero. Si ganaba, realizaba un gran festejo, con saltos y gritos. Recién en ese momento, el croupier se percataba del tipo de apuesta realizado. Leer más…

Los juegos de azar en los que se involucra dinero, casi siempre van acompañados por la ilusión de convertirse en millonario, o de lograr una mano maravillosa que reporte una suma interesante que vaya a parar a nuestros bolsillos.
Por supuesto que no todos tienen esa suerte, de hecho la probabilidad de un “gran golpe” es más bien baja, pero existen casos excepcionales.
Ashley Revell, un británico de 32 años, y un día decidió que era su momento de echar todo a la suerte. Vendió todas sus pertenencias. Todas, incluso la ropa. Alquiló un smoking y acompañado por sus padres se acercó hasta el casino que se encuentra en el Hotel Plaza de Las Vegas. Allí estuvo observando, apostando en pequeñísimas cantidades hasta que se decidió. Revell apostó todo su dinero, alrededor de 135.000 dólares, al rojo del paño de la ruleta.
La mesa se rodeó de curiosos que luego, atónitos, celebraron que la bola cayera en 7 rojo. Leer más…
